Agroecología y comercio justo, una nueva dinámica de consumo

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Cuando quedó embarazada -hace unos 2 años-, Maru Mosquera prefirió comenzar a consumir alimentos orgánicos y fue en ferias de comercio justo donde su necesidad de una mejor salud y bienestar fue satisfecha, pues “tomas otra conciencia”, asegura.

Compras los productos con el agricultor, con el que da el amor a los productos. Es diferente…

“Compras los productos con el agricultor, con el que da el amor a los productos. Es diferente… Te hablan del proceso de porqué es orgánico y hasta te invitan a sus fincas. Eso te da confianza de que sus productos son realmente buenos”, explica Maru, quien asistió en días pasados a la feria Fecaol.

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Para Ana Cristina Jarrín, en cambio, es primera vez que asiste a una feria agroecológica. Ella se acerca al puesto de Don Justo en la feria Bonaterra, revisa el aspecto de los limones y las cebollas, consulta los precios y de paso pregunta cómo fueron cultivados. Justo Pincay, un agricultor orgánico de Manglaralto (Santa Elena, Ecuador), le cuenta cómo él mismo fabrica el abono para hacer crecer naranja, limón, cebolla, plátano y yuca. La nueva clienta cuenta que sí ve diferencia en color con los alimentos de un supermercado. “Ya los probaré en casa”, dice con gran expectativa.

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Bonaterra, un proyecto de la fundación In Terris, se da cada 2 semanas en los patios del colegio Balandra (Guayaquil). Aquí un aproximado de 10 productores orgánicos ofrecen hortalizas, verduras, frutas de la costa y sierra ecuatoriana; además otros emprendedores disponen de productos elaborados con alimentos orgánicos como queso de almendras o empanadas de soya.

Asimismo, en los patios de la escuela de gastronomía de la Universidad de Guayaquil (Estatal), 12 productores de la Federación de Centros Agrícolas y Organizaciones Campesinas del Litoral (Fecaol) ofrecen alimentos orgánicos al público una vez al mes. Glenda Cagua, vocera de la Fecaol, explica que en 2011 abrieron mercado en Guayaquil e iniciaron en el sector de Monte Sinaí. En este espacio, además, se comercializan fertilizantes y abonos naturales y se concientiza sobre la agroecología.

Según la Guía de Ferias Agroecológicas (Comisión de Consumidores – Campaña ¡Qué rico es!, 2013), existen en Ecuador un aproximado de 125 iniciativas como estas, que buscan crear una conciencia nueva en cuanto a alimentación y producción.

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¿Cuáles son los beneficios de los alimentos orgánicos?

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) señala que, la agricultura orgánica es un sistema de producción que mejora la salud del agroecosistema y la biodiversidad de los suelos, a través de “métodos culturales, biológicos y mecánicos, en contraposición al uso de materiales sintéticos, para cumplir cada función específica dentro del sistema”.

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Es decir, los alimentos orgánicos son aquellos que en sus procesos de cultivo no se utilizan agroquímicos, sino mecanismos completamente naturales. El resultado es una fruta, vegetal, hortaliza, e incluso una carne, que contiene todos los nutrientes que la tierra le puede proveer, sin alteraciones. Es decir, un alimento 100% natural. Son más ricos en vitaminas, minerales y antioxidantes, en comparación a los productos convencionales. “Son más ricos, su sabor, color y textura son mejores”, asegura Maru.

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Además, este tipo de cultivos ayudan a prevenir el calentamiento global, impidiendo que se contaminen los suelos y los terrenos, manteniendo su biodiversidad. La agroecología busca “que los agricultores hagan conciencia de lo que estamos haciendo en nuestra tierra y volver a rescatar nuestros conocimientos ancestrales. Sembrar de manera orgánica”, explica Glenda Cagua.

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Una nueva forma de comer y consumir

In Terris sigue un proceso de capacitación, seguimiento y participación con los agricultores de la Feria Bonaterra. A través de talleres y asesorías la Organización promueve la agroecología y, por su parte, los productores sostienen dinámicas participativas entre ellos, como trueque de alimentos, intercambio de conocimientos y formación de comités.

Bonaterra, que arrancó en noviembre de 2011, tiene ya una afluencia de unos 350 visitantes, a los que “comienzas a ofrecerle una alternativa que no tenían”, asegura Marco Fioravanti, director ejecutivo de In Terris. Existe una vinculación directa entre productor y consumidor que enriquece la experiencia, puesto que llegan a crearse lazos de confianza entre ambas partes, explica Juan Pablo Argüello, asesor del proyecto.

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Cada dos semanas que se da la feria, los productores aprovechan el espacio para generar un comercio directo con los consumidores. Justo Pincay comenta que llega a ganar casi el doble en comparación a sus ventas a través de intermediario. Esto, pese a que sus costos se asemejan a los de un mercado normal. Los que él más vende es el limón (22 limones por USD $1) y la cebolla (una libra por USD 50 ctvs.).

Asimismo, la Fecaol capacita a sus productores y busca que sus 30 integrantes cultiven orgánicamente; aunque, actualmente sólo 12 son los que tienen procesos 100% orgánicos y son estos son los que participan en la feria, a las que asisten un promedio de 200 a 300 personas.

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La agroecología y el comercio justo promueven una vida digna en el campo. “Si hay un campo saludable, hay una sociedad saludable y una ciudad saludable, también”, asegura Marco Fioravanti. Estas nuevas dinámicas generan un cambio de conciencia tanto ambiental, económica, de salud y bienestar en productores y consumidores. Elegir los productos en base a su valor nutricional, impacto ambiental y social, y sus métodos producción es una responsabilidad del consumidor; mientras que cuidar de los suelos y la calidad de los alimentos es un trabajo de quien maneja la tierra, el agro.

Si hay un campo saludable, hay una sociedad saludable y una ciudad saludable, también