Tu propio rayito de sol en 10 pasos

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Este es un extracto te “10 maneras de hacer tu propio -maldito- rayito de sol”, una columna de Michelle Sweezey que, dentro de un lenguaje muy directo y crudo, aunque divertido, te da las pautas de cómo ser feliz y disfrutarte la vida, más simple de lo que pensabas:

 

La vida.

Está diseñada para patearte el trasero.

Esto no es una noticia nueva. Y aun así, nos paramos debajo de nuestra propia nube negra de tristeza, rechazando tomar un paso a la derecha, fuera del cielo nublado y hacia el sol.

Pero no tenemos que hacerlo. Podemos crear nuestro propio pedazo de luz del sol, un cambio consciente a la vez. Estas son las cosas que hacemos para crear nuestra propia realidad feliz:

 

1.- Únete a la revolución, cariño

Abre tus brazos, tu corazón y tu mente a lo nuevo. Haz nuevos amigos, toma rutas nuevas, prueba cosas nuevas, explora tu mundo. Cambia las cosas, deja que el mesero pida por ti en un restaurante (mi cosa favorita, por cierto), toma una ruta diferente al trabajo. Lo que venga, deja que venga, lo que pase, deja que pase, lo que vuelva, deja que se quede.

 

2.- Saca tu cabeza de… Arkansas o de donde sea

Reconoce que te está pesando. Se está manifestando en todos los aspectos de tu vida, pese a tus destrezas para jugar a las escondidas. Así que saluda al elefante y enséñale la puerta de salida, junto con la carga de su presencia.

 Así que saluda al elefante y enséñale la puerta de salida

 

3.- Maneja tu basura, maestro

En serio. Levanta tu trasero y sólo hazlo. Hazlo. No hay excusas. El día seguirá de todas maneras; así como la semana, el mes, el año. La pregunta no es si el tiempo pasará, sino ¿Cómo usarás tu tiempo?

 

4.- Relájate y déjalo ir

Relájate y descansa, de una buena vez. En serio. Deja de tomártelo todo personal, nada de lo que la gente hace es por ti. Trata de ver lo bueno en lo más que puedas. Mientras más enojo tengas, más duro tu corazón se convertirá y más difícil será ver lo bueno en todo. Te enfermará, literalmente. Déjalo ir. Perdona, olvida y camina hacia adelante.

Deja de tomártelo todo personal, nada de lo que la gente hace es por ti.

 

5.- Hazte una cirugía

El lenguaje corporal es súper determinante en tu estado de ánimo. Párate recto, alza tu cabeza, mira hacia dónde quiere ir, no de dónde vienes. Toma profundos y restauradores respiros. Haz contacto visual con la gente. Deja caer tus hombros. Déjalos caer. Te aseguro que ni siquiera te diste cuenta que estaban tan altos. Relaja tu cuello.

Oh, cariño… vas a necesitar una inyección de botulismo pronto si no dejar ir esas líneas de expresión que te has esforzado tanto en crear. Por el amor de todas las cosas que son sagradas… ¿Puedes sonreír ahora?

Por el amor de todas las cosas que son sagradas… ¿Puedes sonreír ahora?

 

6.- Carpe -maldito- Diem

Nombra la última vez en que preocuparte te ayudó. ¿Difícil? Sí, para mí también. Operar desde el temor genera hormonas en el cuerpo que siguen alimentando la ansiedad, es un círculo vicioso.

Deja de preocuparte y disfruta la vida. Intenta un “sí” y mira cómo se siente. O, por el contrario, di “no” a algo que ya no te sirve. Sólo tienes hoy una vez, sácale provecho.

Ahora, no botes la precaución por los aires y ser tan despreocupado que te expones a ti a otros a peligros; pero –carajo- deja el comportamiento de obsesivo compulsivo. Sólo para. Cuelga el chaleco salvavidas y sírvete una copa de vino. Te desafío, incluso, a siéntate en la mesa sin un portavasos. Vive un poco. Todo va a estar bien. Lo dijo Bob Marley.

Sólo tienes hoy una vez, sácale provecho.

 

7.- Piensa antes de hablar

Habla amablemente y con amor. Sé auténtico, sé claro, sé elocuente sin ser pretensioso. Usa el poder de la palabra para el bien, no el daño. Sé generoso y rápido con  elogios hacia ti mismo y hacia otros. Sé calmado para criticar. Sé una luz a tono. Sé ingenioso, pero cauteloso. El sarcasmo es tanto el más bajo como el más alto de los humores, dependiendo de la situación en que lo uses y con qué compañía, úsalo sabiamente. Habla menos, escucha más. Pregunta mucho. Escucha por la intención de escuchar, no por el propósito de responder o provocar. Toma una pausa antes de responder y considera tu respuesta. Esto no es fácil, amigos; toma práctica. Mucha.

Habla menos, escucha más. Pregunta mucho. Escucha por la intención de escuchar, no por el propósito de responder o provocar.

 

8.- Usa tu collar con orgullo

Eso es. Camina como hablas. Practica lo que predicas. Sé quién dices que eres. Todas esas frases que has colgado en tu corcho de “inspiración”, son sólo inspiración si realmente te motivan a cambiar tu comportamiento. Esta no es una tarea con precisión del 100%, pero en cambio un esfuerzo acumulativo de acciones que hable más que… mmm, las palabras. No lo digas si no lo crees. No lo creas si no lo haces. Las buenas intenciones no llevaron a nadie a ningún lado, sólo pregúntale a un político.

“Las palabras revelan tus creencias e intenciones. Las acciones revelan tu carácter. Cuando están alineadas, ellas revelan tu vida al máximo”

~ Steve Maraboli

 

9.- Deja la etiqueta (y tu ego) en la puerta

Etiquetar es inhabilitar. Sé auténtico, crea tu propia realidad. Las metas son diferentes a las expectativas. Tus reacciones a ambas, sean o no alcanzadas, son la llave. Lleva una fluida, dinámica y abierta mentalidad, en vez de una fija. Sé flexible cuando las cosas no van como planeas. No entres en pánico, sólo gira. ¡Gira!

Mantén un estándar para tu propio comportamiento, pero no esperes que otros adultos te sigan simplemente porque tú lo haces. Revisa tus vínculos sociales. Si estás infeliz con el comportamiento de otros, en vez de esperar que cambien, cambia tu compañía.

Sé flexible cuando las cosas no van como planeas. No entres en pánico, sólo gira. ¡Gira!

Cambia tu vocabulario. Deja de decir “tengo que”, “necesito”, “debería”, y reemplázalo con “voy a” o incluso sólo como “me aportaría si…”. Los cambios simples en el vocabulario hacen una diferencia enorme en moldear la actitud sobre una acción y, a cambio, te permite no tener expectativas al respecto.

 

10.- Sé un científico: recoge los hechos y dibuja conclusiones

Primer paso: toma un respiro. Porque “B” pasó, no significa que “A” lo causó o viceversa. Puede que haya muchas letras involucradas, incluso algunos números. ¡Diablos, esto puede ser álgebra!

Haz un poco de investigación o un trabajo detectivesco. Considera la fuente. Clarifica el contexto. Resuelve los detalles. Busca otras opiniones, si ayuda. Al menos intenta ser abierto a otras ideas y posibilidades. Sobre todo, deja de verle a todo un significado más del que tiene. A veces, es sólo lo que es, nada más, nada menos.

¡Diablos, esto puede ser álgebra!

 

FUENTE: ELEPHANT JOURNAL